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Los cultivos tradicionales.

Consideramos cultivos tradicionales a los cereales, oleaginosas y forrajes implantados desde fines del siglo pasado cuando Argentina se incorpora al mercado mundial como país agroexportador, como así también los cultivos surgido para abastecer a la población concentrada en los grandes mercados urbanos. Los rubros exportables alcanzaron magnitudes de producción y rentabilidad muy superior a los destinadas al mercado interno.

En el inicio, la actividad agraria Argentina tiene niveles de productividad semejantes a los de EE.UU.. La evolución tecnológica posterior es errática y está relacionada con las alternativas de la demandas exterior y el incentivo o no de las políticas económicas llevadas a cabo por los sucesivos gobiernos.

Como se observa en el gráfico, las actividades agropecuarias pasan por un período de expansión sostenida hasta 1934, momento en el que se inicia una etapa de estancamiento y regresión, sobre todo en la agricultura. Este proceso comienza a revertirse a fines de la década del '50 cuando la actividad agraria crece con porcentajes semejantes a los del período de máxima expansión agrícola de principios de siglo, aunque orientada hacia los mercado latinoamericanos, mientras que la ganadería lo hace mucho más lentamente.

El auge del modelo económico pampeano genera un acelerado crecimiento demográfico debido a la inmigración masiva iniciado a fines del siglo XIX que conlleva una alta tasa de crecimiento vegetativo propio de estructuras demográficas jóvenes. Por otro lado la estructura económica -basada en grandes explotaciones- dificulta la radicación de los inmigrantes en el campo, determinando un gran crecimiento de las aglomeraciones urbanas.

En en 1914, el 53% de la población argentina vivía en ciudades porcentaje que alcanza el 62 % en 1947 y eso significa 10 millones de personas, la mayoría de las cuales residía en el Gran Buenos Aires. Esto aumenta la demanda de una gran variedad de bienes agrarios destinado a la alimentación y a la vestido y explica el crecimiento de las actividades agrarias en las regiones extrapampenas, expansión que se beneficia con la difusión de la red ferroviaria que facilita el transporte desde el espacios muy alejados a los mercados de consumo.

A partir de 1930, "modelo agroexportador" evidencia síntomas de agotamiento como consecuencia de la culminación del proceso de expansión de la producción basada en la incorporación de tierras nuevas en la pampa húmeda y al inicio de la crisis mundial de 1930. Los países centrales no disponen de recursos para comprar nuestra producción y, en consecuencia, nosotros tampoco para seguir importando manufacturas.

Es así como, progresivamente se implementa el modelo de "sustitución de importaciones" que impulsa la instalación de industrias en las metrópolis e intensifica el crecimiento de la población urbana y en consecuencia la demanda de alimentos y cultivos industriales, impulsando las economías agrarias extrapampeanas, como por ejemplo, la de los oasis cuyanos basada en el cultivo de la vid, la del noroeste, con la caña de azúcar y el tabaco, la chaqueña centrada en las plantaciones de algodón o la frutihortícola -manzanas y peras- en el Alto Valle del Río Negro.

El incremento del área sembrada con algodón en la planicie central chaqueña se produce desde principios de siglo relacionada con el auge de la colonización de tierras fiscales y por la demanda mundial debido a la disminución de producción en EE.UU.. Esta expansión que se aceleró a partir de 1930 cuando aumenta el consumo interno y se radican industrias textiles, en el contexto de l a "sustitución de importaciones " .

Los espacios ocupados por los cañaverales se agrandaron beneficiados por subsidios y medidas proteccionistas, mientras que en el oasis agrícola rionegrino las empresas ferroviarias fomentan la colonización y la difusión de cultivos intensivos de regadío para aumentar la producción, los volúmnes transportable y por lo tanto la rentabilidad.

Estas áreas en un principio monoproductoras, a partir del sesenta se diversificaron para evitar las recurrentes crisis de superproducción: porotos en Salta, limones en Tucumán, frutales y hortalizas en Mendoza, sorgo, girasol o soja en el Chaco.

La difusión del cultivo de soja se realiza a partir de la década del '70 y se la cultiva debido a altos precios en el mercado internacional.

También alcanza un ritmo rápido y sostenido la difusión de los usos intensivos en los alrededores de las metrópolis - hortalizas, legumbres, flores y frutas- así como la producción de leche.

Esta producción es transportada por la red radial de FF.CC., primero, y carreteras después, a las principales zonas de consumo, principalmente al Frente Fluvial Paraná-Plata, franja angosta que se extiende desde La Plata hasta Rosario y que incluye a Buenos Aires, aglomeración que con el tiempo conformaría el Área Metropolitana del Gran Buenos Aires.

 

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