Historia Argentina.

1860-1880.

El 3 de febrero de 1852, el gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, fue derrotado en Caseros por Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos y claro representante de los intereses del Litoral. A partir de esa fecha se comenzó una nueva etapa en la historia Argentina que sería la etapa preparatoria para la organización de un Estado centralizado.

Esta etapa puede ser dividida en dos partes claramente diferenciadas: una transcurre entre 1852-1862 y estuvo signada por la separación de Buenos Aires del resto del país (llamado "la Confederación") y la otra que va desde 1862 a 1880 en la que comenzó a diseñarse la política de construcción de la Nación.

 

1852-1862: Buenos Aires vs. La Confederación

En el Congreso de Santa Fe, convocado por Urquiza, se reunieron todas las provincias excepto Buenos Aires que aprobaron la Constitución Nacional a la vez que designaron a Urquiza Presidente de la Nación. Estas resoluciones fueron desconocidas por Buenos Aires quien se organizó como estado aparte.

 

Las causas de la separación

 a-Causas económicas

 El naciente estado necesitaba recursos fiscales para mantenerse y la principal fuente de esos recursos era la aduana de Buenos Aires. La Confederación no sólo había eliminado las aduanas interiores sino que también había nacionalizado las aduanas exteriores y en particular la de Buenos Aires que con esto perdía su principal fuente de poder financiero.

Otro problema que enfrentó a las provincias fue el proteccionismo o el libre cambio que debía contener la política aduanera. Mientras Buenos Aires coincidentemente con las provincias del Litoral (fundamentalmente Santa Fe y Entre Ríos) eran partidarios del libre cambio que beneficiaba sus exportaciones, las restantes provincias defendían a ultranza el proteccionismo porque los precios de las mercaderías importadas competían de manera desleal con los de la producción local.

Si bien Buenos Aires y el Litoral coincidían en el tema del librecambio existían serias diferencias entre ellas por el manejo de los recursos de la aduana y el acceso directo del Litoral al mercado externo a través de la libre navegación de los ríos interiores (Uruguay y Paraná), lo que era cuestionado por Buenos Aires.

Es decir que, al proclamar como capital federal a Buenos Aires, la Constitución Nacional le deba forma institucional a la apropiación de la riqueza hasta ahora controlada por Buenos Aires y al permitir la libre navegabilidad de los ríos interiores y levantar un puerto en Rosario, le otorgaba al litoral condiciones similares a Buenos Aires sin necesidad de su mediación.

 

b-Causas políticas

 La Constitución le daba poderes amplios al Presidente de la Nación, poderes que al ser nombrado Urquiza, quedaban en manos de un provinciano.

La misma Constitución organizaba el poder legislativo en un congreso conformado por dos cámaras donde la más importante, la de senadores, ponía a todas las provincias en un pié de igualdad al designar dos senadores por provincia, sin importar el número de habitantes, con lo cual el poder de Urquiza se fortalecía y la alianza interprovincial que él lideraba, era la mayoría política del nuevo Estado.

De esta manera, Buenos Aires recortado su poder frente a las provincias del litoral, decide separarse antes que ceder sus privilegios quedando en el país dos estados: Buenos Aires y la Confederación.

 

La separación 

La Confederación comenzó a organizarse instalando la capital provisoria en Paraná e intentando unificar el mercado interno de las 13 provincias que la conformaban.

Las medidas económicas que adoptó consistentes en: abolir las aduanas interiores entre las provincias, fomentar la cría de ovejas, instalar colonias agrícolas con inmigrantes extranjeros, usar los ríos interiores (Paraná y Uruguay) para atraer el comercio exterior hacia Rosario o Paraná salteando a Buenos Aires; no lograron compensar las diferencias existentes con esta provincia.

La Confederación no pudo instalar un sistema financiero propio, todos los intentos de organizar un sistema bancario fracasaron como así también todo intento de instalar un sistema de crédito estatal. También fracasó la construcción de una red ferroviaria que uniendo a Rosario con el resto de las provincias posibilitara la construcción de un mercado unificado de la Confederación.

Buenos Aires en cambio, poseía con respecto a la Confederación, numerosas diferencias a favor. Por empezar poseía el puerto, con comunicación directa con el resto del mundo, más importante del país y, contaba con la aduana, principal fuente de ingreso que una provincia pudiera tener. Poseía un banco que era la más poderosa red financiera de todo el territorio. Su pujanza económica era tal que pudo construir un ferrocarril, el primero de la Argentina, con capitales privados de la provincia (el ferrocarril del Oeste).

 

La unión: triunfa Buenos Aires

 Es indudable que la competencia económica favorecía a Buenos Aires y por ello Urquiza decidió dar por terminado el conflicto y anexarla por la fuerza, el conflicto armado se desató y tuvo lugar en Cepeda el 23 de octubre de 1859 y el triunfo fue de las fuerzas lideradas por Urquiza.

Este triunfo en el campo de batalla no fue tal en la mesa de negociaciones ya que Buenos Aires logró imponerse logrando en el Acuerdo de San Nicolás como condición para reintegrarse a la Confederación, la reforma de la Constitución.

Esta reforma llevada a cabo en 1860 significó que Buenos Aires aceptaba federalizar los recursos de la aduana con la condición de recibir un subsidio durante algunos años por los ingresos que perdería, siendo el tema de la capital postergado hasta que el Congreso dictara una ley al efecto.

En el mismo año Mitre fue electo gobernador de la provincia de Buenos Aires y, desde ese cargo desarrolló una política favorable a la unidad, pero los conflictos profundos no habían terminado. La competencia pasaba, ahora, por el control político del país. Esta competencia culminó nuevamente en el campo de Batalla, Buenos Aires, con Mitre, y el interior, con Urquiza, se enfrentaron en Pavón de donde las tropas de uno y otro se retiraron sin un resultado definitivo. Esta situación fue aprovechada por Mitre quién depuso al Congreso de la Confederación y a su Presidente, Derqui, e inmediatamente, Mitre fue declarado Presidente Provisorio.

1862-1880: Hacia la Organización Nacional

 Después de Pavón, Bartolomé Mitre asumió la presidencia constitucional del país. Tanto él como sus sucesores, Sarmiento y Avellaneda debieron enfrentar obstáculos para efectivizar la unificación del Estado.

Estos tres presidentes compartieron los objetivos de unificar el Estado y consolidar una forma de gobierno de tendencia liberal. Lentamente, bajo este principio avanzaron en la organización institucional y jurídica del Estado.

Las tendencias políticas sobresalientes tienen su origen en el antiguo federalismo y en el nuevo liberalismo el que durante el gobierno de Sarmiento adquirió características de movimiento nacional, pues hasta entonces la dirección política del país estuvo en manos de porteños y los gobernadores provinciales - liderados por Urquiza - se esforzaron por no obstaculizar la unidad nacional y se comprometieron con la misma.

 

Enfrentamientos

Los caudillos federales

 El gobierno central se enfrentó a diferentes grupos sociales del interior del país encabezado por caudillos. En el litoral y el interior los caudillos se opusieron a los gobernadores reclamando mejoras en las condiciones de vida de las poblaciones.

Entre 1862 y 1863, Angel Vicente Peñaloza, El Chacho, se sublevó en la Rioja. Entre 1866 y 1868, Felipe Varela, encabezó un movimiento que involucró a las provincias de Cuyo, Córdoba y Catamarca. Y entre 1870 y 1873 Ricardo López Jordan enfrentó a Urquiza en Entre Ríos. El Chacho Peñaloza, Felipe Varela y Ricardo López Jordan son considerados los últimos caudillos federales.

El empobrecimiento de las poblaciones del litoral y el interior, la falta de trabajo favoreció el surgimiento de las montoneras como medio para obtener recursos. Estos focos de resistencia de los últimos caudillos federales fueron eliminados por las tropas del gobierno central.

 

Los autonomistas porteños

 Buenos Aires también presentaba resistencia a través de los grupos autonomistas que se oponían a la federalización de la ciudad de Buenos Aires y de las rentas de la aduana lo que privaba al gobierno central de los recursos económicos más importantes. Los conflictos fueron permanentes a pesar de que, a partir de 1862, el Presidente fue el porteño Mitre quien a pesar de serlo consideraba que la Nación estaba por encima de los intereses de cualquier provincia así fuera esta Buenos Aires.

El equilibrio logrado con la sanción de una ley de la legislatura bonaerense permitiendo la residencia de las autoridades federales en la ciudad de Buenos Aires por el término de 5 años, no duró mucho y el conflicto finalmente se resolvió por la fuerza en 1880, cuando las tropas nacionales vencieron a la bonaerense dictándole la ley que establecía que la capital del país estaría en la ciudad de Buenos Aires.

 

Los partidos políticos 

Durante el período se enfrentaron básicamente dos; el autonomista, liderado por Adolfo Alsina, que expresaba de manera más pura el localismo porteño y la tendencia al aislamiento y a la autonomía provincial; y el nacionalista encabezado por Mitre que tendía a construir un estado central fuerte dirigido por Buenos Aires y sus aliados del interior.

El autonomismo se refugió en la tradición federalista y rosista porteño y fue en los sectores sociales localizados en los suburbios y la campaña.

El nacionalismo mitrista fue más fuerte en la ciudad de Buenos Aires y en los grupos sociales medios e ilustrados y recogió la mayor parte de la tradición mitrista.

La pacificación del interior y la unidad del país permitió la confluencia de grupos políticos de distintas provincias que culminó con la conformación de una tendencia política de carácter nacional, llegando a constituirse el Partido Autonomista Nacional, verdadera coalición de fuerzas interprovinciales que, sostenida por el gobierno nacional, imponía candidaturas.

Una expresión de esta coalición fue la liga de los gobernadores, es decir la alianza de distintos gobernadores provinciales que participaban en la expansión económica y que impuso la candidatura de Julio A. Roca.

 

La guerra del Paraguay

 En 1865, la República Argentina - integrante de la triple Alianza junto con Brasil y Uruguay - entró en guerra con Paraguay. Las razones de esta guerra se han explicado desde dos enfoques diferentes. Uno, afirma que la Argentina se vio obligada a intervenir en el conflicto como consecuencia de la invasión sorpresiva de las fuerzas paraguayas al territorio nacional, y que el país no obtuvo ventajas materiales después de la victoria. El otro enfoque sostiene que la derrota frente a la triple alianza - financiada por capitales extranjeros, mayoritariamente ingleses - obligó a Paraguay a incorporarse al mercado internacional liderado por las potencias industriales sobre las bases del libre cambio. Durante el siglo XIX, los gobernantes de Paraguay - Gaspar Rodríguez de Francia, Carlos Antonio López y Francisco Solano López - "cerraron" el país al intercambio comercial con el exterior. Su apoyo fundamental fueron los pequeños y medianos propietarios rurales y los artesanos, cuyos intereses se veían afectados por el comercio con Europa u Estados Unidos. Con el objetivo de que la economía paraguaya fuera autosuficiente, impulsaron el desarrollo del sector agrícola y de las industrias artesanales y manufactureras.

 

La integración del territorio: la mal llamada "campaña al desierto" 

Entro 1862 y 1880, existió una interrelación muy fuerte entre el avance en la unificación del estado y la integración del territorio nacional. A medida que el Estado se consolidaba con nuevas instituciones y nuevos recursos, estaba en mejores condiciones para afianzar su soberanía sobre regiones cada ves más alejadas. Y, al mismo tiempo, la incorporación de nuevas tierras - que rápidamente eran puestas en producción - significaba la obtención de nuevas fuentes de recursos, necesarios para avanzar en la consolidación institucional del Estado.

Frontera con el aborigen. 1874-1878. En la década de 1870, coincidieron una serie de factores que permitieron un éxito definitivo en la delimitación de la frontera sur y suroeste del territorio. Los propietarios de las tierras tenían cada ves mayor influencia en el gobierno y estaban directamente interesados en la expulsión de los indígenas.

A sus antiguos reclamos sobre la inseguridad, unieron, en esa época, la necesidad de incorporar tierras nuevas a la producción bonaerense para disminuir las consecuencias de la crisis económica que estaban atravesando.

Por otra parte, los jefes del ejército estaban preocupados por las facilidades que el territorio del sur del país - que consideraban despoblados - ofrecía a los objetivos expansionistas de Chile.

El gobierno federal compartió esta preocupación y estuvo de acuerdo en que la ocupación de la Patagonia por parte del ejército y el poblamiento posterior al territorio ocupado, podían frenar la expansión chilena. Además, el avance logrado en la profesionalización del ejército otorgaba mayor eficacia a las operaciones militares, complementada por la utilización del ferrocarril y el telégrafo.

 

Cronología histórica de la Organización.

1862:

1865:

1868:

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1874:

1879:

1880:

 

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